En el campo Asturiano la palabra "Quintana " la pronuncian todos los labios. Al mozo donjuanesco le llamaran "Gallo de la Quintana" y en la "Quintana" lloraran a la moza muerta; un cantar tan viejo comoLas viejas" carbayeras" nos dirá:
En toda la "Quintana"ya no hay quien baile, Ya no hay quien baile, si, ya no hay quien baile, no. Ya no hay quien baile.
En Asturias sigue siendo la "Quintana" el corral de la villa mística,
el sitio de la casa cerrada y descubierto., al que abren sus puertas la
vivienda del labrador o de los labradores, los establos y los graneros;
por eso no hay "Quintana " sin hórreo ni hórreo sin "Quintana".
Y esta "Quintana" humilde, rincón de la aldea, anexo de la casa, es
la que añoran los buenos Asturianos, es la que despierta sentimientos
tan hondos en los que viven lejos de ella, y la causa es fácil encontrarla;
la "Quintana" representa toda la vida familiar; allí se forma el cortejo
del bautizo; allí se celebra el baile de la boda; allí juegan los niños; allí
retozan los mozos; allí murmuran las viejas las tardes de domingo, y
allí el abuelo lía el cigarro mientras toma el sol en el invierno, o se sienta
a la sombra en el verano al pie de la "Figal", que generalmente, cual si
fuera un árbol sagrado, preside la "Quintana".
La "Quintana" no ha muerto en Asturias, y desgraciada Asturias si un
día muere la "Quintana": su muerte no seria la muerte de los "Dioses
lares", seria la muerte del espíritu familiar cristiano que allí se eleva.
En la "Quintana" los Asturianos podemos decir con Cicerón:
“Aquí esta mi religión, aquí mi raza, aquí las huellas de mis padres; yo no se que encanto encuentro aquí que penetra mi corazón y mis sentidos...”